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Falange Montañesa

MARCELINO CAMACHO. OTRO MITO DE FICCION

MARCELINO CAMACHO. OTRO MITO DE FICCION

Ha fallecido Marcelino Camacho, otro gran antifranquista,  uno más de los millones que se conceptúan como tal; en realidad todos aquellos mayores de cinco años a la muerte del general que se dedican a la política y aledaños ostentan esa distinción. En realidad Marcelino no tiene mayor importancia en el devenir histórico español. Tras hacer la guerra en el bando antiespañol salvó milagrosamente la vida al no ser extermionado por el bando genocida, y no sólo eso, sino que una condena de doce años se quedó en dos. Se convirtió en desertor al huir del batallón disciplinario donde cumplía el servicio militar y pasó a Marruecos y Argelia de donde fue expulsado como lo fue de Francia y, aprovechando la inutilidad de los servicios secretos del estado genocida español volvió a nuestro país, más parece que por no tener a donde ir que por lo que decía su hijo, la retahíla de la libertad, la democracia y demás zarandajas.

Burlando, parece ser, al sistema represor español consiguió trabajo en una empresa puntera donde llegó a ascender hasta Jefe de Taller mientras los obreros españoles eran represaliados y ejecutados por millares. A partir de ahí empezó a enredar entre los obreros dando con sus huesos en la cárcel, cosa normal en cualquier estado de derecho, donde ni fue torturado ni apareció ahorcado en su celda como al parecer era normal en aquellos oscuros tiempos donde los hoy socialistas, peperos, comunistas y sindicalistas luchaban contra el régimen.

Al final su mérito parece ser que fue el crear ese monstruo que es en la actualidad ese chiringuito al servicio del gobierno de cuya teta mama y con cuya complacencia están siendo liquidados todos los derechos adquiridos por los trabajadores en un siglo, Comisiones Obreras.

Ha sido Tojo, Tocho, o como coño se llame el abotargado dirigente actual del citado club sindical, el que ha dado la clave de todo. Dijo el afectado sujeto antes de levantar el puño para cantar esa cancioncilla de muerte y destrucción tan peculiar que cantan los comunistas que Marcelino en primer lugar amaba a su familia, lo que le honra, en segundo lugar al partido, el comunista se entiende, y en tercer lugar a España. Ahí está la clave, amar a un partido antes que a la Patria, amar el medio antes que el fin; amar al partido que ha representado y representa lo más infame de la condición humana, del partido que ha causado más muertes en la historia de la humanidad, catástrofes naturales incluídas. De todos modos lo de amar a España parece ser otra mentira de las que tanto utiliza el adinerado señor Tocho habida cuenta de que, ni en las exequias del señor Camacho ni en ninguno de los actos o manifestaciones convocadas por tan pintorescas Comisiones se ha visto jamás una sola, UNA SOLA, bandera de España y sí banderas soviéticas y de colorines.

Para ser justos resaltaremos que se le concede al finado la condición de hombre honrado, que al contrario de sus sucesores no aprovechó su puesto para el medro personal y no tenemos porqué ponerlo en duda. Siendo así, le consideraremos eso, un hombre honrado, totalmente equivocado pero honrado. Lo demás literatura y artificio aderezado con la actitud cobarde de la que siempre hace gala la derecha a la menor ocasión.

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