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Falange Montañesa

PARA LIBERALES

PARA LIBERALES

Artículo que por su interés merece la pena ser publicado en todos los blogs, incluso en los blogs liberales. El autor del mismo, Francisco Piñeiro. No se puede añadir ni quitar una coma.

 

 

La Nación padece en los últimos años varias patologías que podríamos definir como de tipo vírico, por la fulgurante forma de propagarse. Cierto que también influye en el triunfo de estas enfermedades de tipo social la anuencia lanar e infinita del populacho y el beneplácito del totalitario régimen de partidos, síntomas estos de enfermedades previas que ya habían destruido el sistema inmunitario de la Patria. Ejemplos son, la proliferación del Islam, la exaltación de la democracia como fin, el infeccioso mito del “calentamiento global”, el convencimiento en la redención por las “nuevas tecnologías”, la fe en el progreso, la confianza en las nuevas generaciones, la política de género, etc, y todo ello aderezado por el horror estético, la destrucción de los usos correctos de convivencia y la vulgarización tabernaria de la sociedad. Pero con todo, el fenómeno más insidioso (por perverso) lo encontramos en el “eterno retorno de los liberales”.  Y no pensemos que esta vez vuelven como siempre, no; las duras experiencias sufridas en la lucha que mantuvieron a brazo partido contra el franquismo les han marcado en su carácter. Aquellas dietas alangostadas, las penurias en los apartamentos de verano donde el régimen les recluía durante las pertinaces sequías, han hecho de ellos una nueva estirpe que busca venganza al servicio de lo “libre”. Y claro, lógico, están muy resentidos por aquellos mercados regulados que enriquecieron a la Nación, a sus padres y a sus familias completas; y sobre todo, porque aquel control estatal les arrebató la posibilidad  de “hacerse a sí mimos” sin la ayuda de sus papas.  Y claro está, tanta frustración y rencor deviene hoy en la expresión de lo liberal. No podía ser de otra manera. Delirantes, aseguran que del desastre actual ellos no son culpables,  que su ideología nunca se ha hecho realidad en el mundo conocido. Y lo que es peor aún, nos anuncian que el día que eso suceda, cuando triunfe en verdad lo liberal, vamos a ser tan felices que incluso  llegaremos  a quitarnos la vida por no poder soportar tanto alborozo. Optimistas antropológicos que fían su paraíso a la voluntad del hombre individual (hay que estar en la luna). Carne de tertulia local, escritores pésimos de cien revistillas informáticas: “Cantabria  liberal”, “qué liberal es Cantabria”, “Yo sí que soy liberal.com”, “no sin mi hija la liberal”. Encajados en ese batiburrillo de medradores y guindones que se hace llamar Partido Popular, juegan a ser una corriente radical sin perderse  ágape, comilona o besamanos. No hay ocasión que no pierdan para estar callados, igual da la conferencia de Zutano que el funeral de Mingano. “Le acompaño en el sentimiento, señora, pero no olvide que hay que dejar que el mercado regule estas situaciones tan penosas”. Teóricos de la nada, sofistas sin recursos, majaderos de términos vacíos: “competitividad”, “autorregulación de los mercados”, “libertad de empresa”, “costes-beneficios”, “libre circulación de capitales”, “mercado eficiente”, “oferta”, “demanda”, “decisiones económicas individuales”, “igualdad de oportunidades”, “responsabilidad”, “hay que proteger a los emprendedores”. Defensores de lo mil veces demostrado como mentira. Simplistas de lo humano. Justicieros de chichinabo.  Ventajistas taimados. Adalides del nepotismo. Pelotas. Cortesanos de políticos mediocres. Relamidos. Pragmáticos inmorales  que reducen el mundo a un materialismo vulgar. Hermanos  del progreso. Consecuencia de lo Ye-ye. Responsables de su suerte cuando esta es buena y sanguijuelas de lo público cuando los beneficios no quintuplican el coste.

España malogra su destino inerme y derrotada ante los manejos de una raza de optimistas chiflados. Y en ese infame carro del abono van ufanos todos los culpables del régimen actual, de ministros a jefes de escalera, no sólo los protagonistas de estas líneas. La Nación se arrastra enyugada a cuarenta y seis millones de libertades individuales, sellando su suerte a un desastre asegurado. Y ante ello, y para asombro de cuatro conscientes que sobreviven camuflados, se alzan las voces aflautadas de los nuevos liberales asegurando que si la cosa no va bien es porque lo colectivo interfiere en la voluntad del “individuo emprendedor” (demiurgo liberal), que es esa voluntad-libertad individual ejercida en máximos  la que redimirá al hombre de sus penurias y carencias, que de esa raíz surgirá la responsabilidad ciudadana, y que como consecuencia final los bienes materiales y la riqueza fluctuarán en el mundo bajo criterios de equidad y justicia, evidentemente porque las fuerzas que surgen de la competencia equilibrarán el resultado del reparto. Y si en ese venturoso final surge algún pequeño desequilibrio, pues entonces entran en liza las bondades propias del ciudadano que, organizado en grupos de interés desde la sociedad civil (Rotarios y otras masonerías, Asociación Cultural Santiago, FAES, DENAES, etc), ejercerá la liberalidad compensando esos minúsculos desajustes. Y ya está. – ponme un Gin Tonic.

Y no sólo se limitan a ordenar el presente, no. El pasado también debe ser liberalizado (Zapatero no ha inventado nada). Y lo que del pasado no pueda soportar las leyes de la demanda popular, pues se cambia la oferta  histórica y a otra cosa (hay que estar a lo que dicte el mercado). Y así balbuceó ese gran liberal y por lo tanto nefasto gobernante que fue J.M. Aznar: “hay que propiciar el patriotismo constitucional”. Una especie de chufla para eunucos cursis copiada al neomarxista J.Habermas, por la cual, y en directo traslado del fenómeno histórico alemán, y en consideración a que también el pasado español es fuente perpetua de conflictos y está plagado  de vergüenzas que nos deben ruborizar a todos, pues lo apartamos a un lado, cambiamos el producto a ofertar, y el patriotismo lo fundamentamos en la Constitución de 1978, que deja mucho margen. - Acércame las gambas.

Pues bien, hoy es el día  que todavía se oye esta mamarrachada “patriótica” en alguna reunión, tertulia o programa de radio, defendida como una aportación llamativa del liberalismo en lo que al patriotismo respecta. Y hemos de preguntarnos: ¿qué clase de soplagaitas puede fundamentar su patriotismo en esa basura legislativa, en ese nido de problemas, en esa componenda nefasta, en ese fracaso flagrante que es la Constitución vigente? La respuesta es obvia. Y no paran en eso, no. Porque podría ser todo una broma. Osan también arrogarse la defensa de la Nación, creyéndose ellos el baluarte y la última trinchera de lo español (desde la bizarría y arrojo que aporta el patriotismo constitucional, evidentemente). No en vano los enemigos de lo español se esconden aterrados cada vez que oyen sus vocecillas surgir amenazadoras desde algún restaurante, terraza o club privado.  Y dicen defender la vida creyendo a la vez en la sacrosanta voluntad popular, jugando a la protesta democrática ante el aborto o la eutanasia, sabiendo que es precisamente el pueblo en ejercicio directo de la democracia que ellos defienden el que desea ejercer el crimen. Y también defienden a la familia (cómo no), a la vez que los concejales que ellos eligieron celebran parodias civiles en las que casan a piporros o lesbianas . Y no queda ahí la cosa, van más allá. ¡No se reconocen como materialistas radicales! Y algunos se llaman a sí mismos católicos; ellos, que no son más que economía encarnada, que han cambiado el espíritu por un balance a beneficio de inventario y pretenden instaurar en el orbe todo el resultado de la competición individual, la injusticia asegurada.

 Soy hombre de infinita paciencia y  siempre preocupado por aguantar con estoicismo las diferencias que me separan de mis semejantes (víctima del nacional-catolicismo, sin duda).  Pero cuando alguien  me asalta con la buena nueva liberal,  esa paciencia quiebra y cede ante la evidencia de que es imposible, si se conoce la condición humana, defender dicha ideología materialista si no es para procurar la destrucción  de la sociedad. Cualquier planteamiento político que obvie la evidencia del egoísmo humano y asiente su credo, precisamente, en el interés individual, debe ser valorado como perverso y sus voceros como enemigos de la dignidad humana.

A mí me tendréis siempre enfrente.

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1 comentario

Ramiro Semper -

Magnífico y esclarecedor artículo.
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