La Falange |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.
Uno se pregunta si lo que la UIMP se gasta cada verano no sería mejor invertirlo en adecentar un recinto para las ferias, surtir de depósitos de excrementos de perro a toda la ciudad o pagarles cursos de conciencia cívica y social, así como de cultura general a tanto diputado, concejal y delegado sindical que pulula por nuestras calles. Viene esto al caso porque muchas de las actividades y sobre todo cursos y conferencias están adornadas con la presencia de auténticos indocumentados, chupópteros que se han acomodado perfectamente a vivir bien de la teta pública. Traer ministros de un gobierno de España para decir necedades y demostrar su sectarismo y su bajo perfil es simplemente tirar el dinero; si el gobierno en cuestión es socialista, la cosa ya adquiere tintes grotescos. Auténticos trepas y señoras o señoritas de “cupo” hacen que el nivel no sólo de la UIMP, sino que también de los actos de la UC sea paupérrimo. Aún esta semana pasará el anestesista señor Clos y alguna de las ministras restantes. De todos modos la guinda del pastel se la lleva este año el, no se cómo calificarlo, ¿señor? Ian Gibson. Este señor, que es cualquier cosa menos hispanista o historiador, vino a gastos pagados a vomitar su bilis en nuestra región. Este señor, que difícilmente puede querer a España cuando odia su propia tierra, Irlanda, no sólo se permitió faltar al respeto a todos los santanderinos cuando exigió la retirada de ciertos elementos de la vía pública, olvidando que él no es más que un invitado, caro, pero Aquella vieja copla que el mundo patriótico ha venido cantando en España desde la creación del Estado de las Autonomías y que consistía en repetir hasta la saciedad que el barro de los Estatutos traerían los lodos del separatismo, es ya una realidad incuestionable por muchos paños calientes que se le quieran poner. A los que nos llamaban exagerados y agoreros ya no les queda más recurso que el de la ceguera o la estupidez para seguir defendiendo su postura. Y no es tanto que nosotros estemos de salida contra las Autonomías como acercamiento de la administración a los españoles y protección de los valores singulares de cada región, así como estimular su desarrollo cultural. El problema viene cuando el tinglado lo montan gente que defiende intereses oscuros, que nada tienen que ver con los de los españoles de cualquier parte del país. Por un lado se han convertido en ingentes maquinarias de consumir fondos, que sólo sirven para potenciar la insolidaridad entre las distintas regiones y que únicamente son capaces de ponerse de acuerdo cuando se trata de hacer daño a España como unidad; me viene a la cabeza el caso tan singular denominado Galeusca, que engloba a nacionalistas tan variopintos como gallegos, vascongados y catalanes, cuya única finalidad es la desaparición de España como nación, habiendo creado para ello una mitología particular, tan falsa como absurda, que va insuflando en las mentes de sus niños y jóvenes el veneno Porque España está al borde mismo de la desintegración mientras los dos grandes partidos sólo piensan en relevarse en el poder sin mirar más allá del horizonte electoral próximo. Unos y otros han antepuesto sus intereses partidistas a los de España. Ambos han negociado con los terroristas y ambos han pactado con los nacionalistas. Una eventual victoria del cobarde y acomplejado PP no serviría para atajar los gravísimos problemas que afronta España sino tan sólo para aparcarlos mirando hacia otro lado, hasta que una nueva victoria socialista al cabo de 4 u ocho años reactive el proceso de descomposición nacional como si nada hubiera ocurrido. Porque, en consecuencia, hace falta una fuerza política destinada a convocar a todos los españoles que creen en su Patria por encima de ideologías y de clases y que esté dispuesta a poner fin, no parches, al proceso de desintegración nacional que se instauró en España hace ya 30 años y al que han contribuido, en mayor o menor medida, todos los gobiernos de izquierdas y derechas por acción y omisión. Porque solo una fuerza auténticamente Nacional y transversal puede evitar que los egoísmos partidistas acaben con la existencia del Estado-Nación más antiguo de Europa. Porque sólo un partido como el Frente Nacional puede detener la irresponsable política de inmigración del PP y del PSOE. El primero los dejó entrar y el segundo los legalizó para captar sus votos. Porque una fuerza como el Frente Nac |